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La gestión del riesgo para crear carteras resilientes

La resiliencia es la capacidad para adaptarse a las situaciones adversas con resultados positivos. Este término está evolucionando y vemos como se emplea en diferentes campos, como el financiero, donde podríamos definir una cartera resiliente como aquella que tienen la capacidad de adaptarse a escenarios de mercado con elevada incertidumbre y caídas, manteniendo una volatilidad controlada y una rentabilidad ajustada al riesgo positiva.

En ejercicios como el actual, incorporar un componente de “antifragilidad” a las carteras ha sido complicado. Estamos viendo como la correlación entre la renta fija y la renta variable es realmente elevada; lo que, sumado al hecho de que prácticamente ningún activo (a excepción del dólar) ha logrado descorrelacionar las carteras, hace que la gestión patrimonial sea verdaderamente un reto. Por citar un ejemplo, la típica cartera modelo americana 60/40, tiene la peor performance de las últimas cuatro décadas, con una rentabilidad incluso peor que el fatídico año 2008.

Esto es, además, especialmente complejo en aquellas carteras con un sesgo más conservador, donde vemos caídas de rentabilidades anuales cercanas al doble dígito, ya que tanto la renta fija como la renta variable se han movido a la baja de forma conjunta.

 

La gestión del riesgo en el proceso de inversión

En coyunturas de mercado como la actual de extrema incertidumbre es dónde la gestión se pone de manifiesto. La gestión del riesgo es, y ha sido desde nuestra fundación en el año 2003 una parte integral y esencial en el proceso de inversión, tanto de nuestros fondos de inversión como de las carteras de nuestros clientes. Esta gestión tiene un doble componente; cualitativo y cuantitativo.

Por el lado cualitativo, nuestros comités de asignación de activos (Asset Allocation) se nutren de las visiones de nuestros gestores y de los analistas económicos y estrategas de primer nivel con los que tenemos contacto directo a través de nuestro análisis, algo que nos permite identificar cual puede ser la posible evolución de los activos en los distintos ciclos económicos en los que nos movemos, y hacer una previsión de las rentabilidades y riesgos potenciales para los diferentes activos que monitorizamos. Por citar algunos ejemplos, este primer sesgo cualitativo nos permitió identificar el cambio de tendencia de los bancos centrales y reducir duración en la renta fija, incrementar peso en bonos ligados a inflación, bonos flotantes, etc. Otro ejemplo es la negativa a utilizar criptodivisas o activos relacionados, al considerar que no era un activo válido al no estar respaldado por fundamentales.

Por otro lado, en Welzia integramos una serie de controles cuantitativos de riesgo a nivel diario y semanal que permiten modulan su exposición a cada uno de los activos de forma individualizado. Esta gestión cuantitativa se aplica principalmente en nuestro fondo Welzia Ahorro 5, que cuenta con un patrimonio superior a los 100 millones de euros y 5 estrellas Morningstar a 3 años.

Esta metodología de inversión dota al fondo de una elevada capacidad de adaptación, pudiendo reducir o aumentar su exposición a un activo en cuestión de días; lo que se traduce en una volatilidad más reducida y un control de la máxima pérdida esperada, permite lograr una cartera resiliente. De nada sirve acertar en la asignación estratégica de activos, si luego tácticamente, una mala decisión puede perjudicar a la cartera. El ejemplo paradigmático de evolución de este sistema fue la crisis del Covid-19 vivida en 2020, en el que la cartera terminó invertida completamente en liquidez, evitando la mayor parte de las fuertes caídas del mes de marzo.

Welzia también se nutre de un algoritmo de control de riesgo, que combina decenas de indicadores económicos y de mercado que terminan agrupándose en un único indicador de riesgo, una única variable, que trata de predecir si el mercado es atractivo para asumir riesgo, o si, por el contrario, hay que cambiar a una asignación de activos más conservadora.

La tecnología es una parte fundamental de estos indicadores y controles, y como tal Welzia sigue apostando por la formación y las nuevas tecnologías, realizando un proyecto de computación cuántica para gestión de carteras con un importante grupo tecnológico español.

Tal y como hemos detallado, nuestro proceso de inversión es muy estricto a la hora de monitorizar y controlar la exposición a riesgo de las carteras, algo que en los últimos años se ha vuelto más importante que nunca por la aparición de una serie de factores exógenos al mercado financiero, tales como el virus del COVID-19, los cuellos de botella o recientemente la guerra de Ucrania; unos riesgos que generan incertidumbre y la vez son muy difíciles de cuantificar.

Desde Welzia construimos carteras diversificadas, globales y flexibles, evitando de este modo la concentración en compañías, sectores e incluso zonas geográficas. Además, el equipo gestor aprovecha las oportunidades tácticas a través del uso de derivados para así lograr una mitigación de riesgos.

El objetivo final de la gestión del riesgo que realizamos es reducir, en la medida de lo posible, las probabilidades de sorpresas con impacto negativo en las inversiones de nuestros clientes.

Uno de nuestros compromisos con el cliente es mantener una volatilidad controlada, y eso implica tener un fuerte control sobre el riesgo que tenemos en cartera.

Finanzas conductuales en la gestión del riesgo

Por último, si hablamos de riesgos, también hay que hablar de oportunidades. Una correcta gestión del riesgo también implica el contacto estrecho con el cliente y un correcto asesoramiento patrimonial. Muchas veces el mayor riesgo de las inversiones no está en las carteras, sino en las decisiones erróneas que se toman en momentos de euforia o pánico de los mercados. Si estudiamos el Behavioural Finance, las finanzas conductuales nos indican el comportamiento agregado del pequeño inversor, sabemos que es más propenso a decidirse a invertir tras años de rally bursátil y de vender en los momentos de mayores caídas del mercado. Todos, llegado el momento, nos podemos precipitar o tomar decisiones viscerales, que son más propensas en situaciones de tensión, pero el profesional sabe reducir estas situaciones, y aprovechar los momentos de pánico para comprar, la euforia para vender, y la volatilidad para usarla en su favor, lo que genera en el largo plazo mejores retornos con menor riesgo para nuestros clientes construyendo de este modo carteras resilientes en el largo plazo.

 

* Artículo completo en Consenso de Mercado.

 

 

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