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Cerrando el peor primer semestre desde hace décadas

El mes de junio ha seguido provocando estragos en los principales activos líquidos invertibles a nivel mundial; los altos niveles de inflación, la respuesta agresiva de los bancos centrales y la patente desaceleración económica provocan una muy infrecuente tormenta perfecta para los bonos y las acciones, que caen en tándem, provocando considerables pérdidas en perfiles prudentes y agresivos (casi) por igual.

Mientras tanto, el crecimiento económico sigue a la baja, las expectativas de los consumidores siguen haciendo mínimos y ya no se habla de si se producirá una posible recesión, sino de cuándo y cómo. Algunos economistas siguen negando la mayor, sobre todo los de los organismos oficiales y bancos centrales, que siguen viendo crecimiento para los próximos meses, pero eso sí, muy lejos de lo que esperaban en el trimestre anterior o a comienzos de año.

Las dudas sobre una posible recesión se han incrementado en las últimas semanas y han arrastrado a los activos de riesgo, concretamente, a algunos sectores más expuestos al crecimiento económico. Por ejemplo, siguen las ampliaciones en los spreads de crédito, sobre todo en “High Yield”, los mal llamados bonos basura. Tampoco salen bien parados los bonos híbridos o subordinados. Las bolsas continúan con las caídas, haciendo de este 2022, hasta la fecha, uno de los peores comienzos de año de la historia. Este último mes, además, hemos comenzado a ver dudas en activos más ligados al ciclo, como financieras, materias primas y energía (que sigue liderando la rentabilidad en el año).

Durante los momentos de mayor tensión, los bonos de gobierno (Treasury americano y Bund alemán) ejercieron brevemente como activo refugio, y parte de las subidas de tipos puestas en precio tras la subida de 75 puntos básicos de la FED (la mayor desde 1994) se han ido diluyendo, pero solo en parte. Una caída de la actividad económica es recesiva por naturaleza, y aunque el escenario se esté acercando cada vez más a una estanflación, quizá los bonos tengan algo que decir tras la mayor caída de precios de las últimas décadas, o quizá de la historia.

La clave sigue siendo la inflación, y la moderación de la misma es imprescindible para reducir la tensión de bancos centrales. El dato español sorprendió por encima del 10%, mientras que en Alemania parece que cae unas décimas en junio hasta el 7,6%. Una rebaja de la tensión con Rusia, podría favorecer una menor prima de riesgo en bolsas y bonos, reduciendo la posibilidad de un corte de gas para el próximo invierno, pero con la incorporación de Finlandia y Suecia a la OTAN, no parece verse un escenario de desescalada de la tensión en el corto plazo; algo que tampoco ayuda a los mercados.

Mientras todo esto ocurre en los mercados, las expectativas de beneficios aún no han corregido y siguen manteniéndose altas para este año y el que viene, algo que no suele suceder cuando se producen contracciones económicas.

Es posible que veamos caídas de estimaciones y bastantes “profit warning” en la próxima temporada de resultados que comienza los próximos días.

Aunque muchos de estos miedos están ya metidos en precio; las valoraciones han caído con las subidas de tipos y están en entornos mucho más aceptables, los niveles de deuda superan los del ciclo anterior, los spreads de crédito están en los niveles más altos desde la crisis del Covid-19, sigue incrementándose las probabilidades de un potencial escenario recesivo que podría provocar aún más pérdidas en activos de riesgo, por lo que, aunque la tentación a tomar riesgo en estos niveles es muy atractiva, podríamos encontrarnos aún con mejores oportunidades en los próximos meses y por tanto debería primar la prudencia en la asignación de activos en nuestras carteras.

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