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Un tercio de la economía mundial podría entrar en recesión en 2023

El ser humano se organiza en base a calendarios y celebramos el final de un año y el comienzo de otro según las convecciones dictadas en el siglo XVI, con la irrupción del calendario Gregoriano allá por el 15 de octubre de 1582 (día 4 de octubre según el calendario Juliano).

Nuestro patrimonio y nuestras inversiones no cambian de un día para otro y no cierran un día para abrir el siguiente, pero, aun así, popularmente se extienden las llamadas “previsiones para 2023”, que muchas veces no son más que un brindis al sol, por mucho que uno intente devanarse los sesos en buscar una explicación coherente. No hay más que ver las estimaciones de analistas publicadas por Bloomberg en diciembre de 2021, que daban un precio objetivo para el S&P 500 de 4.950 (el índice cerró 2022 en 3.839,50 puntos). Desde nuestro punto de vista, es más útil hacer un ejercicio de estudio de la evolución económica para los próximos meses, para de ahí derivar las posibles tendencias que finalmente se traducirán en rentabilidades esperadas de los distintos activos en el medio plazo. Como recordarán, hablábamos en mayo de 2021 de los
“vientos de cambio” en los bancos centrales, anticipando que las políticas monetarias dejarían de ser tan laxas (en aquel entonces aún teníamos un nivel récord de bonos cotizando con tipos negativos), algo que nos sirvió para mantener un perfil muy reducido de duración, que se ha resuelto con una ganancia de un 6% frente al benchmark de nuestro fondo prudente, Welzia Ahorro 5.

En los próximos meses, lo más probable es que la inflación, aunque alta, deje de acelerarse o se modere, lo que producirá cierta pausa en la agresividad de los bancos centrales. Esto reducirá a su vez la tensión en la renta fija, que ha sufrido en 2022 el peor año de las últimas décadas, y permitirá que las yields actuales logren acolchar los movimientos de mercado, y que ofrezcan algo de refugio, nuevamente aportando descorrelación a los movimientos bursátiles. Esto, también, terminará liberando tensión en los instrumentos afectados por el incremento de tipos, como las compañías growth, que han limpiado parte del exceso de valoración que se había generado durante la época del Covid.

Sin embargo, la atención pasará los próximos meses hacia la más que probable ralentización económica o recesión, con expectativas de crecimientos muy pobres tanto en Europa, como en China o Estados Unidos. El Fondo Monetario Internacional (con un dudoso historial de éxito en sus vaticinios), comentaba hace unos días que esperan que 1/3 de la economía mundial entre en recesión en 2023. Una situación que, aunque indeseada por muchos, es vista con buenos ojos por los bancos centrales, que quieren reducir la actividad económica y la presión en el mercado laboral para luchar contra los efectos de segunda ronda de la inflación.

En casos como este, es mejor recurrir al famoso “Don’t fight the fed”. Debemos, por tanto, prestar menos atención a los datos de inflación y vigilar más el comportamiento económico, prestar mucha atención a las cifras de ventas, de indicadores adelantados, índices de compras, etc, y los mensajes de las compañías en cuanto a manejo de menores ventas nominales y previsible caída de márgenes empresariales y vigilar los activos más cíclicos, los sectores más sensibles a la evolución económica, el consumo discrecional, autos, industriales, mineras, el high yield, que durante 2022 dieron algún que otro
susto pero que podrían volver a tener volatilidad durante 2023.

Como siempre, y pensando en la inversión a largo plazo, esos serán los momentos en los que tendremos que aprovechar oportunidades para tomar riesgo, en unas carteras en las que recomendamos, de momento, optar por la prudencia.

 

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