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Desde la crisis del Covid-19, todo lo medimos en décadas

En las últimas semanas se van acumulando noticias y eventos que provocan fuertes caídas en una gran mayoría de activos financieros.

Al ya comentado, y anticipado por nosotros, cambio de sesgo de la política monetaria, se une ya dos meses de guerra en Ucrania, sin visos de una salida clara, y se añade un nuevo episodio de cuarentenas en China, que con su política de Covid-0 vuelve a una situación parecida a la de marzo de 2020.

Las alzas de precios, no vistas en décadas, y las dudas que puedan generar en el consumidor, se solapan con unos banqueros centrales dispuestos, ya no a retirar el ponche antes de que siga la fiesta, sino a apagar la música y a señalar la puerta de salida. La Reserva Federal sube tipos al 1% y certifica que en los próximos dos meses los tipos alcanzarán el 2%; mientras que el mercado descuenta que alcancen el 3,25% a comienzos de 2023. En el caso del Banco Central Europeo, distintos miembros del comité (entre ellos Luis de Guindos) señalan que en la reunión del próximo 21 de Julio seremos testigos de la primera subida de tipos en una década.

Y es que, desde la crisis del Covid-19, todo lo medimos en décadas. Estos movimientos tan forzados y con retraso de los bancos centrales, han provocado un fuerte movimiento de alza de tipos, o lo que es lo mismo, una fuerte caída en los precios de los bonos. Caídas históricas, para la mayoría de bonos, aunque mucho más fuertes cuanta mayor duración tuvieran. Por citar algún ejemplo, el índice agregado de bonos de Bloomberg lleva una caída del 12% en lo que llevamos de año, si tuviéramos un bono español de octubre 2044, la pérdida sería cercana al 20% (Al comienzo de año tenía un tipo del 1,14% y hoy del 2,50%). Y como sigamos así, pronto volveremos a hablar de problemas de financiación de la deuda.

Lo positivo de este movimiento es que actualmente se presentan oportunidades en renta fija no vistas en muchos años.

Este movimiento de los bonos, que supone un incremento de tipos reales, pone en alerta las valoraciones de las compañías más sensibles a duración, (aquellas denominadas de crecimiento) con mayor flujo de ingresos futuros, que ahora ven descontados sus ingresos a una mayor tasa de interés. Pero además de ello, algunas de estas compañías se plantean si el crecimiento futuro va a ser tan fuerte como el estimado inicialmente; el caso paradigmático sería el de Netflix, que cae un -70% en el año. El otrora gigante de las comunicaciones, con una capitalización de 300.000 millones, ha visto reducido su valor hasta 81.000. Facebook, vale casi la mitad que hace un año.

Esto hace que la caída acumulada del S&P 500 en lo que llevamos de año (-13%) sea la 3ª peor de la historia. De nuevo, hablamos en décadas.

Todo esto se produce, sin embargo, en un entorno de crecimiento de beneficios empresariales, donde las estimaciones siguen al alza, gracias a que las subidas de precios de las compañías consiguen aguantar unos márgenes empresariales que estaban, de nuevo, en máximos de décadas.

El desempleo americano sigue en mínimos históricos, con una tasa del 3,5%. Existen casi dos ofertas de empleo por cada desempleado que busca trabajo. De nuevo, datos no vistos en décadas.

A riesgo de repetir el mensaje del mes anterior, seguimos pensando que la clave de los mercados está en el consumidor. Mientras el consumidor siga soportando las subidas de precios, los mercados tendrán soporte y estas caídas tan fuertes de hoy, serán buenas oportunidades de compra y nos brindarán mejores retornos en el futuro.

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