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Cómo afecta la crísis entre Ucrania y Rusia a los mercados

Para entender la crisis ucraniana, deberíamos repasar muchos factores, algunos de los cuales parecen no tener un sentido cabal, pero que forman parte y agravan un problema que deja a las puertas una posible guerra con reminiscencia al siglo pasado.

Por un lado, no olvidemos que Rusia cerró en falso la crisis de Crimea en 2014, con la anexión de facto de esa península y que todavía queda cierto territorio ucraniano con lazos rusos, Lubansk y Donetsk, que de alguna manera dificultan la visión unitaria del país en contra de una posible invasión rusa.

Por otro lado, está la negativa de Rusia a que la OTAN llegue a sus puertas, y la posibilidad de que Ucrania firme el tratado provoca una reacción de alarma en el país. Similares presiones se han visto con las negociaciones de Turquía en el pasado, que terminó comprando los sistemas antimisiles rusos y provocando sanciones por parte de EEUU.

La dependencia energética del norte de Europa al gas ruso es un tercer factor, clave en estos momentos.

Las tensiones provocan la subida del precio del petróleo y del gas, el Brent ha subido desde 70 a 95 $/barril en los últimos dos meses, contribuyendo negativamente a las presiones inflacionistas que actualmente se acumulan en los países desarrollados. Tan solo recordar, que el dato de inflación americano CPI está en el 7,5% y el europeo en 5,1% niveles máximos en décadas.

Quitando las importaciones del sur de Europa vía Argelia o Turquía, la mayoría del norte de Europa depende del gas de origen Ruso (también Noruego pero en menor volumen). Unas exportaciones que se realizan atravesando, y pagando un peaje, por Ucrania y Bielorrusia; el gasoducto NordStream 2 se construyó para atravesar el mar báltico y fijar un paso directo entre Rusia y Alemania, pero su aprobación está parada por motivos políticos y se utiliza como arma arrojadiza en esta negociación.

Esta crisis es, por tanto, una crisis entre otras cosas energética, en un momento en el que Europa no tiene una política definida, o más bien, se ha aferrado al buenismo y al cierre de las centrales nucleares en una malentendida “ecología” que ha provocado el incremento del uso del gas y el carbón, y que ha dejado la sartén por el mango a Putin, que es nuestro principal exportador energético.

Estados Unidos por su parte, también juega su papel, en el sentido que presiona para expandir la OTAN, el conflicto militar le pilla lejos y no debería afectarle y provoca además incrementos de una materia prima de la que, recordemos, actualmente y gracias a los avances del fracking, Estados Unidos es exportador neto, de hecho, y según datos de Bloomberg, Estados Unidos superó a Qatar para convertirse en el mayor exportador de gas licuado del mundo, y un tercio de dichas exportaciones tienen como destino Europa. Lejos queda ya el EEUU de los años 70 en los que la irrupción de la OPEP causó un fuerte incremento de los precios y una recesión económica.

Teniendo en cuenta estos antecedentes, desde el punto de vista de gestión, y como ha ocurrido en el pasado, los conflictos bélicos (que no dan lugar a guerras mundiales o que no provocan recesiones) suelen ser momentos de volatilidad, y provocar caídas bursátiles que deben ser aprovechadas como oportunidad de compra. Mientras tanto, podemos reforzar las carteras con ventas de volatilidad, compras de petroleras, que en sus cifras descuentan un precio medio del petróleo muy inferior al actual y esperar los momentos de mayor incertidumbre para reforzar las carteras. Mantener la calma, cuando el resto del mercado la pierde.

 

* Artículo completo en Invertia

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