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Tecnología y Concentración Bursátil

  • 12/02/2020
  • By welzia
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La tecnología sigue siendo una buena opción, su concentración no tanto.

Durante los primeros días de 2020 seguimos asistiendo al poder de las principales acciones norteamericanas, que día tras día siguen incrementando su valor, superando en algunos casos las cotas del billón de euros (trillion $), como ha sido el caso de Alphabet (Google) y Amazon durante el mes de enero. Acciones como Apple, Microsoft, Facebook y las mencionadas anteriormente, no solo copan los primeros puestos del índice Standard & Poor’s 500 (S&P 500), sino que su peso conjunto asciende prácticamente a un 18% del total del índice.

Unos niveles históricos, que hacen que estas increíbles compañías tengan una valoración superior a la suma conjunta de más de 300 empresas del S&P 500. Esta predominancia, fruto de su buen hacer empresarial, de sus beneficios y de su extraordinario comportamiento bursátil, es lo suficientemente significativa para que prestemos atención a las oportunidades de inversión que nos brindan y los riesgos de concentración de los que debemos ser conscientes.

Durante buena parte del siglo XX las compañías americanas han dictado las normas y liderado sus industrias, en pugna con sus homólogas europeas y japonesas, y durante décadas la fuerza competitiva, creativa y constructiva de Estados Unidos ha hecho que su economía pulse, crezca y se transforme, premiando aquellas ideas que trasforman la sociedad y dejando a un lado las fórmulas del pasado. Esta destrucción creativa, se plasma con insolente vanidad en la evolución de los pesos del índice S&P 500 desde que se creó en 1957.

En los años 70, la cadena de ventas Sears Roebuck and Co (Sears), ocupaba las principales posiciones del índice por capitalización, y sus catálogos de venta eran reverenciados en las zonas rurales de Estados Unidos, sobre todo el de navidad que fue publicado por primera vez en 1.933. Como reza el siguiente anuncio, “comprar con Sears es la forma moderna de compra, en la tranquilidad y el confort de tu casa, solo o con tu familia, puedes elegir cualquier artículo de nuestro catálogo, lejos del barullo y la confusión de las tiendas abarrotadas”. Seguro que el anuncio cuenta con el visto bueno de Jeff Bezos, fundador de Amazon.

Se pueden utilizar muchos más ejemplos de esa fuerza transformadora ha llevado al cielo bursátil no sólo a compañías, sino a sectores enteros, que posteriormente perdieron el favor de los inversores. Durante los primeros años del índice, eran las compañías industriales las que copaban su composición. Durante los 70 y 80, compañías petrolíferas como Exxon, Gulf, Texaco, Amoco y Chevron lideraron la capitalización bursátil en Estados Unidos. En los 2000 previo a la gran crisis financiera, los bancos y aseguradoras copaban el “top ten” y finalmente nos encontramos en un proceso de concentración de pesos en las grandes compañías tecnológicas conocidas por el acrónimo FANG (colmillo), en el que participan algunas empresas como las ya referidas Facebook, Amazon, Apple, Netflix y Google.

La edad media de las compañías que formaban parte del índice a finales de los años cincuenta era de cercana a los 60 años, mientras que en los últimos tiempos dicha cifra ha bajado menos de 20 años.  Un ritmo de creación y destrucción de empresas vertiginoso que, de mantenerse así, hará desaparecer la mitad de las empresas del S&P 500 en los próximos diez años.

¿Y qué hace a compañías como Apple tener una capitalización cercana al DAX Xetra Alemán, compuesto por las 30 mayores acciones de la economía germana? La respuesta es generar un fuerte crecimiento de ingresos con altos márgenes, lo que les produce grandes beneficios. A diferencia de la burbuja “.com” en los años 2000, los ingresos de las compañías que lideran los índices son contantes y sonantes, crecientes y muchas veces con ritmos de crecimientos vertiginosos. Apple pasó de facturar 42.900 millones en 2009 a 260.174 en 2019. Google, por su parte, pasó de facturar 23.600 Millones en 2009 a casi 162.000 en 2019, de nuevo un crecimiento anualizado cercano al 20%.

Esta calidad de los negocios y sus ventajas competitivas, en compañías con posiciones netas de caja positivas, han logrado auparlas por méritos propios hasta donde se merecen hoy en día.

 

Un llamamiento a la cautela.

En Welzia no creemos en los cambios de paradigma, ni en “esta vez es diferente”. Somos conscientes del valor que tienen estas compañías y que el precio en ocasiones se mueve de forma radical y los movimientos se exacerban en uno y otro sentido. La bolsa americana tiene una prima sobre el resto de bolsas mundiales porque así lo dicta su composición y las compañías que las lideran y lo seguirá haciendo hoy y en el futuro.

Sin embargo, no sólo los inversores se han visto atraídos por los fuertes beneficios de las grandes compañías, los Estados comienzan a fijarse también en ellos. En Europa, por ejemplo, tratan de imponer una tasa digital para conseguir fiscalizar una parte de la tarta que actualmente se escapa a su control, y otros, como la propia justicia americana, tiene abiertos en períodos iniciales causas por abuso de posición dominante. Tanto unos como otros intentarán reducir el peso de estas compañías, como ya lo hicieran con Microsoft en el proceso iniciado en mayo de 1998, en base a la ley Sherman de 1890 de antimonopolio.

Es importante distinguir en estos momentos de ciclo entre aquellas compañías con buenos fundamentales y fuertes modelos de negocio y ventajas competitivas con otras a las que se asocia la palabra tecnología, pero que aún no han demostrado su capacidad de generar beneficios y por las que se pagan múltiplos elevados. Los llamados “unicornios”, start ups tecnológicas de más de 1.000 millones de capitalización, basadas en los millones de usuarios potenciales a los que dan acceso los teléfonos móviles de hoy en día, pueden en un futuro justificar su alta valoración, pero muchas de ellas se quedarán por el camino.

Por otra parte, no debemos olvidad el carácter cíclico del negocio de las grandes tecnológicas, y debemos compaginar el múltiplo que se paga por dichos beneficios ante la posibilidad de una reducción de sus ingresos en caso de un giro cíclico de la economía. Alphabet y Facebook viven del negocio de los anuncios y Apple de la venta de teléfonos móviles y otros artículos de alta gama, y ambos son sectores que sufren cuando la economía entra en períodos de estancamiento o recesión. Ambas compañías tratan de girar hacia un modelo de negocio más centrado en los servicios, lo cual reduce su exposición a un giro cíclico, pero aún están lejos de lograr dicho objetivo.

Por último, no podemos dejar de considerar la influencia de los ETF’s (Exchange Traded Funds) y la reducción de fondos de gestión activa en el comportamiento y selección de valores en las bolsas hoy en día. Múltiples análisis defienden posturas encontradas en cuanto a su influencia en la canalización del ahorro del inversor hacia las grandes compañías, y ciertamente no está claro su papel. Más parecen una apuesta por el mantenimiento del status quo actual que la búsqueda de las grandes compañías del mañana. Algo que sucede de forma natural gracias el proceso de destrucción creativa del propio índice. Sin embargo, la ventaja de utilizar un fondo indexado o una ETF es reducir el riesgo idiosincrático de las compañías, que se diluyen en el índice hasta reducirlas a riesgo sistemático y tener exposición a la beta del mercado. En un mercado con mucha posición en pocos valores, el riesgo sistemático se puede convertir en idiosincrático y hacer que cualquier problema en una compañía, arrastre al conjunto del mercado con él.

Así pues, sigamos considerando a las tecnológicas norteamericanas como una opción interesante para nuestras carteras, pero pasemos nuestra ambición de rentabilidad por el filtro de la prudencia, que en la renta variable suele ser sinónimo de diversificación.

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