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Navegando entre el optimismo y la prudencia

Durante las últimas semanas hemos sido testigos de la confirmación definitiva del despegue económico americano, que ha sido puesta en negro sobre blanco, con una cifra de crecimiento del PIB del primer trimestre del 6,4% anualizado.

El cocktail de vacunas y cheques para estimular el consumo, ha dado como resultado una reactivación económica sin precedentes, en el que el empleo comienza a recuperarse con fuerza, con cifras cercanas al millón de empleos creados al mes, y con ventas que repuntan a ritmos cercanos al 10%. Esto impulsa los beneficios empresariales, que se estima crezcan cerca de un 30% en 2021, lo que a su vez produce un fuerte impulso bursátil que lanza a los índices americanos a máximos históricos, en el que el S&P 500, sin pausa en el camino, escala hasta la cota de los 4.200 puntos, lo que supone una subida de casi el 12% en lo que llevamos de año.

Este comportamiento bursátil arrastra también a los índices europeos, gracias a su carácter más cíclico y ligado a la exportación, aunque las cifras de crecimiento europeo disten mucho de parecerse a las americanas, ya que el PIB todavía se contrajo en este trimestre a un ritmo de -1,8% anualizado, fruto del retraso en la vacunación y las mayores restricciones a la movilidad europeas, y en el retraso de la puesta en marcha del proyecto de “Next Generation UE” que sigue languideciendo en los laberínticos procesos burocráticos de la unión.

El impulso americano continuará los próximos meses y, es esperable, que el levantamiento de las restricciones en Europa lleve a una aceleración del crecimiento europeo, que tomará el relevo en el pico de crecimiento entre ambas zonas. Sin embargo, cumplido un año de los mínimos de la crisis del Covid, la dinámica del mercado va a ir cambiando, ya que esta recuperación macro y de mercados se ha acelerado a plena vela, con vientos de cola, pero prevemos, que ese viento comience a rolar.

El primer viento de cola ha sido el de los bancos centrales. Hasta ahora las políticas monetarias han facilitado condiciones financieras laxas, tipos bajos y compras de activos, facilitando la financiación de particulares, empresas e importante: gobiernos. A partir de ahora, y ya con las economías rebotando con fuerza, el alza de las yield de los bonos ya ha anticipado la discusión sobre los siguientes pasos de la Fed, sobre todo en cuanto al “tapering” o reducción del programa de compras de activos, del que oiremos en los próximos meses.

El segundo viento de cola ha sido el de los impulsos fiscales, que hasta ahora han protagonizado, sobre todo en EEUU, un derroche de compras sin precedentes. En los próximos meses se debatirán la siguiente fase de ayudas, programas de infraestructuras, programas sociales, que serán un impulso en el futuro, pero planteando incremento de impuestos para conseguir algo de estabilidad en unas finanzas públicas cuyos déficits sólo son comparables a los de la segunda guerra mundial. Estas subidas de impuestos, tanto a empresas como a particulares, sobre todo los de rentas altas, preocupan a los distintos agentes económicos.

El mercado seguirá impulsado por ese fuerte crecimiento económico, que nos ha llevado tan lejos, que nos ha llevado a disfrutar de tan interesantes retornos en estos apenas 4 meses de 2021, aunque si los vientos dejan de empujar, quizá tengamos que ceñir y navegar un tiempo a barlovento.

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