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La persistencia de la inflación preocupa a los mercados

“La amplitud de una onda se amortigua a medida que avanza, por dos causas: la absorción del medio y la atenuación con la distancia.”

Cuando pensamos en las variantes del Covid-19, la primera imagen que me viene a la mente es el de las ondas provocadas por el lanzamiento de una piedra en un estanque. Marzo de 2020 fue un shock, un pico de incertidumbre vital y bursátil, que no volverá a producirse con la misma intensidad. Conocemos los orígenes y las consecuencias, tenemos medios para identificar y para combatirlos, el teletrabajo está integrado en el día a día de las empresas, así que cualquier nueva variante (delta u ómicron) tendrá un impacto decreciente en los mercados financieros que, sobre todas las cosas, odian la incertidumbre.

Y, si el mes anterior hablábamos del mantenimiento de las posiciones ideológicas de los bancos centrales que mantenían el ponche sobre la mesa, este mes se ha dado el primer “mea culpa”, el primer paso para reconocer que hay un problema con la inflación. Jerome Powell, en un discurso ante el congreso, comentó que habría que eliminar la palabra “transitoria” cuando hablaran de inflación. Esto es, reconocer a las claras que los precios han subido más de lo esperado, y que comienzan a filtrarse a toda la economía, incluyendo salarios. Y es que la inflación sigue haciendo estragos, en Alemania los precios del consumidor han subido hasta el 6%, el nivel más alto desde 1992, en Estados Unidos la cifra fue del 6,2% y hay que remontarse a 1990 para encontrar una cifra similar. Este “mea culpa” de Powell, se traduce en una posible aceleración del “tapering”, reduciendo las compras más rápidamente de lo previsto, para acabar un par de meses antes de lo esperado y quizá, entonces, plantear ya las primeras subidas de tipos, algo que puede haber exacerbado parte de las caídas que hemos sufrido en las últimas semanas, sobre todo en los sectores más apalancados, de más crecimiento, como las compañías tecnológicas sin beneficios, que arrastran un duro varapalo desde máximos.

Por el momento, los tipos reales siguen en territorio muy negativo, a la espera de que haya un movimiento de tipos nominales al alza, que no termina de producirse. La mayoría de casas de análisis situaba al treasury a las puertas del 2% a final de año y, sin embargo, ahí está cotizando en el entorno del 1,50%, actuando como activo refugio en las caídas de los últimos días. Las valoraciones, siguen por tanto soportadas; si tomamos como referencia el PER con los beneficios de los próximos 12 meses, el S&P 500 cotiza cerca de 21 veces beneficios, una cifra que sigue siendo alta en términos históricos, pero que se soporta por una saludable creación de beneficios esperados para 2022, de la mano de un todavía fuerte crecimiento económico, que sigue muy fuerte en este trimestre; se estima que el PIB americano puede crecer a un ritmo del 8,5% trimestral anualizado, algo que refrendan los datos de manufacturas y también los datos de servicios: el ISM alcanzó este mes su máximo histórico, con una lectura de 69,1.

Sin embargo, toda esta mejoría económica todavía no se refleja en las cifras de empleo, ya que uno de los efectos secundarios del Covid-19 en Estados Unidos, ha sido la movilización de la masa laboral, en lo que se conoce ya como la “gran renuncia”, un incremento de la movilidad y de los cambios de empresa en busca de mejores condiciones salariales y de mayor flexibilidad.

No sabemos si habrá rally de navidad, lo que sí sabemos, es que va a costar encontrar Santa Claus para amenizar las tiendas americanas en las próximas semanas.

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